A veces pienso en cómo serían nuestros amaneceres si nos
hubiésemos conocido en otras vidas ¿No lo has pensado nunca? ¿Ni siquiera un
poquito? Vamos, es fácil. Sólo imagina. Tal vez nos habríamos conocido en el
auge del Imperio Romano, en los tiempos de Leonardo Da Vinci, en un campo de
concentración, surfeando en las playas de Hawái, leyendo en el metro de París o
de viaje en la Luna, quien sabe. Pero nos habríamos conocido, lo sé. Aunque nos
hubiésemos cruzado frente a frente y hubiésemos pasado desapercibidos el uno
para el otro, sin rozarnos, sin mirarnos, yo te habría conocido cada noche en
mis sueños.
Y ¿por qué no? Puede que reconociésemos nuestras pupilas.
Habríamos podido ser enemigos de guerra o de patio del colegio, amigos de celda
o colegas de trabajo, hermanos o primos. Pero habríamos sido algo. ¿No es eso
lo bonito de imaginar? Que podríamos haber sido muchas cosas. Y algunas,
buenas.