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martes, 17 de abril de 2012

En otras vidas


A veces pienso en cómo serían nuestros amaneceres si nos hubiésemos conocido en otras vidas ¿No lo has pensado nunca? ¿Ni siquiera un poquito? Vamos, es fácil. Sólo imagina. Tal vez nos habríamos conocido en el auge del Imperio Romano, en los tiempos de Leonardo Da Vinci, en un campo de concentración, surfeando en las playas de Hawái, leyendo en el metro de París o de viaje en la Luna, quien sabe. Pero nos habríamos conocido, lo sé. Aunque nos hubiésemos cruzado frente a frente y hubiésemos pasado desapercibidos el uno para el otro, sin rozarnos, sin mirarnos, yo te habría conocido cada noche en mis sueños.
Y ¿por qué no? Puede que reconociésemos nuestras pupilas. Habríamos podido ser enemigos de guerra o de patio del colegio, amigos de celda o colegas de trabajo, hermanos o primos. Pero habríamos sido algo. ¿No es eso lo bonito de imaginar? Que podríamos haber sido muchas cosas. Y algunas, buenas.



sábado, 14 de enero de 2012

Hoy es un buen día para volar.

Éramos pájaros... ¿Recuerdas?

Tú eras de los que vuelan a trescientos kilómetros por hora, y yo era de los más torpes. De esos que tropiezan siempre con las ramas, que se ciegan con los rayos de sol en verano, que se pelean con los patos por los gusanitos, que huyen de los niños en los parques y que se quedan en los tejados en medio de una lluvia torrencial. Siempre he sido un poco pusilánime, obtusa, con más curvas que rectas, con la dirección un poco desviada y con las alas desplumadas. Pero tú conseguiste hacerme volar. 

 


Devuélveme las alas. Las quiero.


Soy la peor asustadora de palomas. Lo sé.